Sobre el germen de vida humana


Esta en marcha la confección de una nueva Ley Orgánica del Aborto que sustituya a la LEY ORGÁNICA 9/1985, DE 5 DE JULIO, DE DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO EN DETERMINADO SUPUESTOS. Como ser humano/mujer, me parece un asunto muy transcendental y muy serio para la sociedad civil a la que pertenezco, así que estoy leyendo todo lo que puedo sobre el tema en estos días. Por otra parte efectivamente todo saber es fragmentario (estoy de acuerdo con esto leído en la red) así que no pretendo nada más y a título personal, que aclararme y alcanzar un poquito de luz sobre este delicado asunto del aborto, hoy y en este post inicial en los que trataré sobre el tema. Voy a empezar por uno de los protagonistas principales en el asunto, como es: el Embrión humano. Para ello he tenido que echar mano de mí memoria y recordar (porque es lo mejor que he escuchado sobre ello) este pequeño extracto del pensamiento humanístico/filosófico que el lúcido profesor y catedrático en medicina, Dº Pedro Gómez Bosque, nos dejó.

1. LA BIOGRAFÍA DEL EMBRIÓN HUMANO

En este artículo deseo expresar cuál es el “status” ontológico del embrión humano. Mi intención al escribirlo es mostrar que dada su naturaleza el embrión ha de ser tratado con el mismo respeto absoluto que merece todo ser humano. Por ello, desde la perspectiva ética, considero que sólo hay un caso extremo que justifique la práctica de la interrupción del embarazo, a saber, cuando exista un peligro real (e insoslayable por otros métodos) para la vida de la madre. Las demás circunstancias mencionadas en el código jurídico actual (no sólo en España, sino en otras partes del mundo) no pueden ser aceptadas como justificación ética del aborto, pues los problemas que se quieren paliar con esta práctica o son pseudoproblemas o son verdaderas dificultades, pero que pueden y deben ser resueltas por medio de soluciones alternativas que eviten la anulación de la existencia de un ser humano en cuyo desarrollo y maduración progresiva se expresa el gran misterio de la creación de una nueva vida. Antes de entrar en el tema quiero observar que en los tratados de embriología se distingue entre fase embrionaria (hasta el final de la séptima semana después de la fecundación) y fase fetal (desde la octava semana hasta el parto) del desarrollo intrauterino. Tal distinción está biológicamente justificada, pero a pesar de ello, en las líneas que siguen, para hacer más fluida la exposición, utilizo el término embrión en un sentido lato y designo con él todo el período del desarrollo que se extiende desde la fecundación hasta el nacimiento. Además, para lograr una mayor eficacia a mi propósito, abordaré el tema en dos apartados distintos, a saber: breve descripción de la “biografía” del embrión y caracterización de su naturaleza. Muchas personas, al no ser conocedoras de la Biología del Desarrollo, tienen ideas erróneas acerca de lo que realmente sucede en el proceso embrionario y de tales errores deriva su actitud general favorable a las prácticas abortivas. Por ello parece conveniente disipar esta ignorancia narrando los acontecimientos fundamentales de la evolución del embrión. Por lo demás, clarificar la naturaleza del embrión ayuda a despertar la actitud de respeto hacia él, respeto que considero imprescindible para evitar la toma de decisiones que acaben innecesaria e injustificadamente con la vida.

2. BIOGRAFÍA SUMARIA DEL EMBRIÓN HUMANO

El desarrollo del embrión es un acontecimiento fascinante que comienza con la constitución de la célula germinal por unión del espermatozoide y del óvulo (fecundación). La célula germinal es una célula completa y viviente que lleva es su núcleo el sistema de genes (repartido en veintitrés parejas de cromosomas) que contiene las instrucciones para la autoconstrucción progresiva y ordenada del embrión y de sus órganos accesorios: placenta y saco amniótico. Para lo que sigue conviene tener claro dos hechos fundamentales, a saber: En primer lugar, que la madre acoge en su cuerpo al embrión y le suministra los nutrientes (oxígeno, glucosa, aminoácidos etc.) que éste necesita para vivir, pero que la madre no interviene en la construcción del germen, pues tal construcción se produce por la acción de la propia fuerza vital endógena del embrión, fuerza psicobiológica encarnada parcialmente en el sistema de genes. En segundo lugar, que el embrión no es nunca un mero agregado de células o membranas, sino un auténtico sistema sustantivo unitario que desde el principio se comporta activamente en la organización y estructuración de su ser corpóreo-psíquico. Inmediatamente después de la fecundación la célula germinal se divide en numerosas células hijas que no se separan unas de otras. Gracias a ello se forma un ser multicelular, esferoideo y macizo, que lleva el nombre de mórula. Esta fase de construcción de la mórula acontece en la cavidad de la trompa uterina. Cuando el germen se asoma a la cavidad de la matriz (en el cuarto día) se produce un cambio importante, a saber: la mórula se transforma en blástula. La blástula es un organismo esferoideo y hueco que contiene un líquido en su cavidad. La pared limitante está formada por una capa de células que darán origen al componente embrionario de la placenta y que por eso se llama trofoblasto. Adherido a un punto del trofoblasto, y haciendo prominencia de la cavidad blastular, se coloca un conjunto de células que formarán el cuerpo embrionario propiamente dicho. Debido a tal circunstancia el conjunto celular en cuestión es designado con el nombre de embrioblasto. Al término del séptimo día ya se ha producido la transformación de la mórula en blástula. Durante toda la segunda semana el embrión se implanta en el espesor de la mucosa uterina y en este lapso de tiempo el embrioblasto se transforma en un germen multicelular discoideo en el que se diferencian dos capas epiteliales superpuestas, a saber: el ectodermo y el endodermo. Mientras tanto, el trofoblasto prolifera en el tejido conectivo de la mucosa uterina para formar el rudimento de la placenta. Además, entre el embrioplasto y la placentea aparece una hendidura de separación que, con el paso del tiempo, originará el saco amniótico que se llena de líquido amniótico. En etapas posteriores, el saco amniótico rodeará al germen separándole de los tejidos fetales vecinos (la placenta) y el embrión se desarrollará libremente en el ambiente “acuoso” del líquido amniótico. Sólo el cordón umbilical unirá los vasos placentarios con el sistema vascular del cuerpo embrionario. Durante la tercera semana el embrioblasto sigue teniendo forma discoidea, pero gracias a movimientos migratorios de células ectodérmicas aparece una tercera capa celular que se coloca entre las dos precedentes (y que por eso se llama mesodermo) y el eje esquelético del embrión, la notocorda. Además, en una banda central del ectodermo se forma el esbozo del neuroeje, la placa neural, que rápidamente se transforma en tubo neural. Por último, en el extremo cefálico del germen se forma el rudimento del corazón, que a poco de constituirse comienza a latir. Desde el principio de la cuarta semana hasta el final de la séptima la autoconstrucción del embrión hace importantes y rápidos progresos, pero sólo puedo reseñar algunos de los más importantes. La configuración discoidea, alargada y aplastada del embrioblasto adquiere paulatinamente la forma típica del cuerpo humano de tal modo que hacia el día cuarenta y nueve se distinguen nítidamente la cabeza, el cuello, el tronco y las extremidades. Por cierto que en las extremidades están bien perfilados mano y pie con sus dedos correspondientes y en la cabeza se dibujan con claridad el contorno del rostro humano con sus detalles más característicos: nariz, boca, ojos y pabellones auriculares. En ese momento, la longitud del embrión alcanza treinta y un milímetros. Como ya he dicho, el saco amniótico rodea ahora por completo al nuevo ser en formación y en torno a esta cubierta protectora se dispone una placenta que previamente, ya en el día veintiuno, funciona como órgano de intercambio entre la madre y el embrión. Por cierto que con respecto a la placenta conviene saber que en ella no hay paso de sangre materna al sistema vascular del embrión. A través de ella pasan substancias nutritivas desde la madre al embrión (por ejemplo: oxígeno y glucosa) y sustancias de desecho desde el embrión a la madre (por ejemplo: dióxido de carbono y carbolitos originados en el intenso metabolismo del cuerpo embrionario). La sangre del embrión, especialmente hematíes, glóbulos blancos y plaquetas son elementos celulares derivados de los propios tejidos del embrión; lo mismo sucede con las células que forman la pared de los vasos. Por lo demás, hasta el final de la séptima semana existen ya en el interior del cuerpo embrionario los esbozos muy bien definidos de todos los órganos importantes y su estructuración microscópica está ya muy avanzada. Como resumen, puede decirse que al acabar el período embrionario propiamente dicho hasta (final de la séptima semana) se ha realizado el gran milagro de la transformación de un ser unicelular (célula germinal) en un ser complejísimo, cuya apariencia externa y cuya organización interna son típicamente humanas. Como ya he dicho anteriormente, desde la octava semana hasta el nacimiento transcurre la fase fetal del desarrollo intrauterino. A lo largo de este lapso de tiempo los principales acontecimientos son los siguientes: crecimiento paulatino del feto, progreso en la diferenciación histológica de sus órganos y tejidos y puesta en funcionamiento de aquellas estructuras cuya actividad es imprescindible para mantener su vida. 3 CARACTERIZACIÓN DE LA NATURALEZA DEL EMBRIÓN HUMANO Una vez conocida sumariamente la biografía del embrión humano paso a caracterizar su naturaleza por medio de expresiones aparentemente dogmáticas. Digo aparentemente porque en realidad tales expresiones están fundadas en hechos que marcan la vida del embrión y que constituyen su soporte lógico y observacional. Ahora bien, la expresión detallada de estos hechos alargaría excesivamente la extensión que debe tener un artículo periodístico destinado al público general y por esta circunstancia me limitaré a la expresión escueta de mis puntos de vista sobre este tema aunque a veces hará algunas reflexiones sobre su fundamento. Considero que la naturaleza ontológica del embrión humano se puede definir por medio de estas cuatro afirmaciones que contradicen otros tantos argumentos en los que se apoyan aquellas personas que consideran aceptable el aborto. 1. El embrión, desde su comienzo, es un ser viviente. En efecto, la célula germinal es una célula que posee todas las organelas implicadas en el desarrollo de funciones vitales y de hecho tiene un metabolismo y una actividad mitótica muy intensos. 2. El embrión no es en ningún momento una mera parte del cuerpo materno ya que en realidad es un ser que tiene entidad propia aunque vive en simbiosis con la madre. Dicho con otras palabras, el embrión es un sistema sustantivo distinto y diferente del sistema sustantivo materno. Es distinto porque está anatómicamente separado del cuerpo de la madre por el saco amniótico. Y es diferente porque la corporeidad del embrión tiene una constitución genética y proteica propia del él y cualitativamente diferente de la que define biológicamente la corporeidad materna. 3. El embrión humano es humano desde el comienzo de su vida, es decir, desde la constitución de la célula germinal. Todo individuo viviente posee el carácter de especificidad, esto es, la cualidad de pertenecer a una especie determinada. Tal carácter no se adquiere en una fase privilegiada de su ciclo vital pues aparece ya en el momento inicial de su vida (constitución de la célula germinal) y se extiende hasta su muerte. Dicho de otro modo, la vida de un individuo es un proceso continuo y transicional y en este continuo no existe una fecha concreta en la que se produzca una “revolución” por cuya virtud el individuo en desarrollo modifique bruscamente su estatus ontológico y cambie una naturaleza animal abstracta e indefinida por una naturaleza animal concreta y especificada. Pues bien, lo mismo sucede en el caso del individuo humano que, como es sabido, pertenece a la especie homo sapiens. Por eso, en todas las etapas de su vida (célula germinal, mórula, blástula, germen discoideo bilaminar o trilaminar, néurula, etc.) sus estructuras, corporales están marcadas por el carácter específico de humanidad y ello aunque sean estructuras aparentemente simples y elementales. Veamos, a modo de ejemplo, lo que ocurre con la célula germinal. La estructura más importante de la célula germinal es el núcleo ya que en él están ubicados los cromosomas que, como se sabe, son las organelas portadoras de los genes, genes que, a su vez, contienen la información necesaria para construir no un ser viviente cualquiera, sino un ser viviente humano bio-psíquicamente maduro. Pues bien, el equipo cromosómico y el genoma (conjunto de genes) de la célula germinal humana son específicamente humanos y, en cuanto tal, diferentes del equipo cromosómico y del genoma de las células germinales de las especies animales más próximas al hombre. En efecto, la célula germinal del chimpancé contiene 48 cromosomas (agrupables en 24 parejas), mientras que la célula germinal humana tiene sólo 46 cromosomas (esto es, 23 pares de cromosomas homólogos). Aparte de ello, los cromosomas comunes, a la especie humana y al chimpancé no son completamente iguales por su configuración. Lo dicho para los cromosomas vale también para los genes, ya que el genoma humano contiene genes específicamente humanos aunque otros genes son comunes a póngidos y homo sapiens. Casi todos los biólogos y antropólogos están dispuestos a admitir que el cuerpo del embrión humano pertenece a la especie homo sapiens pero no consideran verdaderamente humano al embrión, porque éste no ha desarrollado aún las características psicoespirituales típicas del ser humano, plenamente maduro. Creo que los que así piensan olvidan una cualidad esencial de todo ser viviente, a saber, su historicidad. Por ello me parece conveniente explicar lo que significa este término y lo que implica. Insisto una vez más, el ser viviente es un ser histórico y en cuanto tal tiene biografía. Ello quiere decir que en cualquier etapa de su existencia es más que lo que aparenta ser en ese momento. En efecto, la historicidad biográfica lleva consigo que el individuo viviente incorpora su pasado y su futuro en el presente puntual de cualquier fase de la vida y por ello en esa fase el individuo es también su pasado (tiene memoria) y su futuro (tiene potencialidades actualizables). Debido a ello la valoración ontológica y axiología de un ser viviente tiene que tener en cuenta no sólo lo actualizado en un momento determinado de su existencia sino también los sucesos previos a este momento presente y las potencialidades realizables en momentos posteriores. Dicho en términos más concretos y aplicando estas ideas al caso del individuo humano: el embrión humano trilaminar, por poner un ejemplo, es ya potencialmente el adulto que derivará de él y además es aún, en cierto sentido, todos los cambios que desde la fecundación han desembocado en la formación del ectodermo, endodermo y mesodermo 4. Finalmente, el embrión humano, desde la formación de la célula germinal, es un ser animado, esto es, un ser provisto de psique humana. Utilizo el término psique en su sentido aristotélico y por ello considero a la psique como la causa formal, eficiente y final del desarrollo embrionario y del individuo maduro. La psique es causa formal porque ella es el “prototipo” que se imprime sobre la materialidad abstracta del nuevo ser y le configura como ser humano. Causa eficiente porque es la causa vital que se encarna en los genes y que por medio de ellos construye paulatinamente un individuo humano actualizando sus potencialidades biológicas, psíquicas y espirituales. Y causa final porque su pleno desarrollo como psique vegetativa, animal y racional (lo que implica también el pleno desarrollo de los “instrumentos” corpóreos necesarios para el ejercicio de sus diversas funciones) es el objetivo último hacia el que tienden teleológicamente los procesos embriogenéticos. Las dos últimas afirmaciones expuestas, que el embrión es humano y que tiene psique desde el comienzo de su vida, han sido magistralmente desarrolladas por ZUBIRI en su libro “Sobre el hombre”. Por ello, considero oportuno transcribir un párrafo de este libro que expresa contundentemente estas líneas que asumo plenamente. “Pienso que en el germen está ya todo lo que en su desarrollo constituirá lo que suele llamarse hombre, pero sin transformación ninguna, sólo por desarrollo. El germen es ya un ser humano. Pero no como creían los medievales porque el germen sea germen de hombre, esto es, un germen de donde saldrá un hombre, sino porque el germen es un hombre germinado y, por tanto, es ya formalmente, y no sólo virtualmente, hombre. La germinación misma es ya formalmente humana. A mí modo de ver, en el sistema germinal, además de sus notas físico-químicas, están ya todas sus notas psíquicas, inteligencia, voluntad, sentimiento, etc. El sistema germinal, pues, es ya el sistema sustantivo humano integral. La célula germinal es ya célula de esta psique, y esa psique es ya psique de esta célula germinal”

DE NUEVO EL PROBLEMA DEL ABORTO

Hace ya tiempo que publiqué dos artículos sobre el problema del aborto. En ellos expresaba mi opinión sobre la calificación ontológica del embrión

humano y para ello utilicé estas expresiones:

-El embrión, desde sus comienzos, es un ser viviente.

-El embrión no es, en ningún momento de su vida, una mera parte del cuerpo materno pues en realidad es un ser que tiene entidad propia aunque vive en simbiosis con la madre.

El embrión es humano desde el comienzo de su vida.

-Finalmente, el embrión, desde la constitución de la célula germinal (por fecundación del óvulo por el espermatozoide) es un ser animado, esto es, un ser, un ser provisto de psique potencialmente humana, un ser psíquico”.

Teniendo en cuenta estas cualidades ontológicas del embrión humano considero que, salvo peligro real de muerte par la madre, el aborto es rechazable desde la perspectiva ética. Además la vida de este ser humano debe ser protegida por el ordenamiento jurídico y no puede quedar al capricho de las decisiones arbitrarias de los progenitores. En la actualidad se renueva el problema del aborto y se habla de la posible promulgación de una “ley de plazos” que permite el aborto libre hasta la duodécima semana del embarazo. Es probable que una gran parte de las personas ignoren cómo es el embrión en esta época de su vida y que se lo imagina como algo informe y diminuto a lo que no se puede considerar como sujeto de derechos. En realidad el embrión de 12 semanas es un ser altamente organizado y con aspecto claramente humano.

Para ilustrar este hecho trazo a continuación un somero retrato de lo que observa un embriólogo cuando estudia la estructuración interna y la forma global externa de un embrión a los 6 días de la fecundación, fecha aún muy lejana de las 12 semanas que la futura ley (futura si no triunfa e sentido común) considera como límite para adjudicar al embrión “status” humano y por tanto “status” de sujeto cuya vida ha de ser protegida. Hacia los 60 días el perfil del embrión es típicamente humano. En la cabeza están bien marcados la nariz, los ojos, los pabellones auriculares y la boca. El cordón umbilical se ha reducido de grosor y el tronco y el cuello son una representación a escala reducida de lo que serán en el recién nacido. Las extremidades superiores e inferiores muestran su característica división en segmentos (hombro, brazo, antebrazo y mano para la superior y cadera, muslo, pierna y pie para la inferior) y tanto la mano como el pie están provistos de dedos separados entre sí y provistos de tres falanges. En los que respecta a su estructura interna he de señalar que ya están formados todos los órganos típicos del adulto aunque aún deben madurar en su textura microscópica y en sus rendimientos funcionales. En el cerebro existen unos hemisferios cerebrales bien perfilados en su configuración global y en su superficie se aprecia la existencia del esbozo de la cisura de Sylvio. Gracias a ello es posible distinguir los lóbulos característicos del cerebro adulto: frontal, parietal, occipital y temporal. En su textura el hemisferio cerebral está en plena germinación: los neuroblastos (precursores de las neuronas) forman una capa bien diferenciada en la proximidad del epitelio ependimario que cierra las cavidades ventriculares.. Esta estructura “primitiva” de la futura corteza cerebral evoluciona rápidamente hacia una estructura más madura. Los neuroblastos emigran hacia la superficie y se transforman en las neuronas típicas de la corteza cerebral; entre ellas destacan las neuronas piramidales. Este proceso de emigración y mutación es tan rápido que en la duodécima semana la capa gris del cerebro ya tiene la textura típica: neuronas piramidales ordenadas en capas conectadas entre sí y recibiendo información de las diferentes partes del cuerpo por fibras nerviosas aferentes y enviando órdenes a estructuras subcorticales por fibras eferentes que nacen en las neuronas piramidales. No puedo extenderme en más detalles porque ello exigiría un espacio mayor del que dispongo. Sólo deseo hacer una observación final. El “embrión”, (que ya es humano desde la fecundación del óvulo por el espermatozoide) hacia los 60 días nos manda un primer signo visible de su humanidad: Su rostro inconfundiblemente humano. Y aquí vale lo que tan agudamente ha sabido expresar LEVINAS en su bello y profundo libro, “Ética e infinito” “El rostro es lo que no se puede matar o, al menos, eso cuyo sentido consiste en decir: “ No matarás”.

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